Llevaba meses sumida en mil historias. Trabajo, compromisos, decisiones y una larga lista de cosas pendientes que rondaban mi cabeza. Por eso cuando esa noche, aquella débil voz me asaltó, apenas podía oírla. Era como un pequeño susurro al que tuve que esforzarme para entender. Fue su insistencia y sus desconcertantes preguntas, las que lograron captar mi atención:
Cómo vas a complacerme si no me escuchas? Cómo quieres reconocerme si no me ves? Cómo vas a encontrarme si no me buscas?
Quedé paralizada ante semejante revelación, y no podía más que repetirme, cómo había llegado a ocurrir? Resultaba difícil explicarle a mi mejor versión, cómo había permitido que entre ambas se forjase una relación de ignorancia y distancia. Una relación que me había alejado de mi propio SER, hasta el punto de no saber reconocer, quién era realmente ese YO. En ese momento me di cuenta que mi persona estaba pidiéndome a gritos que parase, que me escuchase y que descubriese mis propias necesidades, deseos, ilusiones y sueños más profundos.
Mirándome al espejo y con semblante decidido repetí estas palabras: «te prometo mi querido YO, que nunca más volverá a ocurrir. Porque ahora sé, que sólo llegando a TI, podré recorrer el verdadero camino de la Felicidad»
Veronika
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